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Trastornos de ansiedad.

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LA ANSIEDAD

La ansiedad es la respuesta natural de nuestro organismo cuando se activa nuestro sistema de alerta ante una situación de estrés.

Nos ayuda a prepararnos para responder ante cualquier amenaza, ya sea real o imaginaria.

Se considera una emoción útil que nos ayuda a afrontar una situación peligrosa, aunque cuando alcanza niveles elevados, la persona vive los síntomas que la acompañan con gran malestar.

Sentir ansiedad de modo ocasional es una parte normal de la vida. Sin embargo, las personas con trastornos de ansiedad, con frecuencia tienen preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones diarias.

Estos sentimientos de ansiedad y pánico interfieren con las actividades diarias, son difíciles de controlar, son desproporcionados en comparación con el peligro real y pueden durar un largo tiempo. Con el propósito de prevenir estos sentimientos, puede suceder que evites ciertos lugares o situaciones.

Los síntomas pueden empezar en la infancia o en la adolescencia y continuar hasta la edad adulta.

Los signos y síntomas de la ansiedad más comunes incluyen los siguientes:

• Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
• Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
• Aumento del ritmo cardíaco
• Respiración acelerada (hiperventilación)
• Sudoración
• Temblores
• Sensación de debilidad o cansancio
• Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual
• Tener problemas para conciliar el sueño
• Padecer problemas gastrointestinales (GI)
• Tener dificultades para controlar las preocupaciones
• Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad


¿COMO AFRONTAR UNA CRISIS DE ANSIEDAD EN LA SITUACIÓN ACTUAL?                

Estamos en una época de pandemia en que se han vivido situaciones de estrés que han obligado a cambiar los hábitos y las costumbres.

Este hecho puede ser asumido de diferentes formas por las personas.

Uno de los efectos de la pandemia es el incremento de casos de ansiedad y alteraciones en el estado de ánimo, sin embargo, puede ser provocada en diferentes grados, y hay que distinguir entre la ansiedad adaptativa y la patológica, ésta última sucede cuando la alerta no es real y debemos saber actuar para hacerle frente.

Es decir que la diferencia radica entre el miedo racional y el miedo irracional. Esta es la clave que el paciente debe entender para afrontar una crisis de ansiedad.

Todos tenemos recursos psicológicos para hacer frente a situaciones adversas.

La ansiedad es una respuesta normal del organismo, incluso es beneficiosa, sentir ansiedad de modo ocasional es una parte normal de la vida.

Se considera una emoción útil que nos ayuda a afrontar una situación peligrosa, aunque cuando alcanza niveles elevados, la persona vive los síntomas que la acompañan con gran malestar.

Existen formas de reducirla y por ello el objetivo aquí propuesto es aprender a regularla.

Para ello es necesario trabajar en cuatro áreas.

  • Entender la ansiedad y abordar sus causas.

Para ello puede ser útil elaborar un diario de horas de ansiedad y nivel de ansiedad, anotando la situación en que aparece la ansiedad, es decir que lo estaba haciendo en ese momento, la intensidad con que se vive (del 1 al 10), los pensamientos que aparecen asociados a la ansiedad y lo que ayuda a resolverla o disminuirla. En este contexto es importante conocer las situaciones que generan estrés y utilizar estrategias de afrontamiento que permitan hacer frente a las exigencias, para ello una afición relajante puede ser una buena estrategia para seguir, así como dormir lo suficiente y hacer una dieta equilibrada, aprender a relajarse y hacer ejercicio.

  • Reducir los síntomas físicos.

Este paso se puede lograr a través del uso de la relajación, puede ayudar a cortar el circulo vicioso de la ansiedad al reconocer los primeros signos de tensión. Otra técnica que puede ayudar es la ejercitación de la respiración diafragmática.

  • Modificar los pensamientos relacionados con la ansiedad.

No siempre es fácil reconocer lo que se está pensando y lo que está haciendo que la ansiedad empeore. Los pensamientos son automáticos, fugaces y a veces pueden ser imágenes mentales desagradables.

  • Cambiar los comportamientos relacionados con la ansiedad.

Para ello es necesario reconocer cuando se está evitando determinados comportamientos por el miedo a sentir una sensación desagradable o ansiedad. Siempre que sea posible es importante hacer frente a la ansiedad estableciendo pequeñas metas. Normalmente la ansiedad tiene un pico y luego comienza a descender

Las personas con ansiedad evitan situaciones, tratan de escapar y a veces hacen cosas para sentirse más seguros como salir acompañados, o evitar hablar en público, o evitar sitios públicos, etc. Son conductas de seguridad que con el tiempo empeoran el trastorno de ansiedad, porque la persona tiene cada vez más miedo a hacer frente a las situaciones generadoras de ansiedad.

 

IMPORTANTE:

 

  • A la hora de detectar pensamientos que generan ansiedad es importante comprobar si esos pensamientos son realistas o no.
  • Evitar tomar bebidas con cafeína, pues estimula las sensaciones fisiológicas.
  • Llevar cuidado con medicación habitual pues puede agravar los síntomas de los trastornos de ansiedad.
  • La comunicación con la familia es importante pues ofrece un apoyo importante a la hora de la recuperación y de evitar perpetuar los síntomas.
  • Se puede controlar la ansiedad para que deje de ser un problema, pero si es difícil asumir le resulta difícil asumirlo solo, un buen terapeuta puede dar herramientas para acompañarle en este proceso.

 

FATIGA PANDÉMICA

 

La OMS puso el nombre de “fatiga pandémica” a una serie de síntomas derivados de la enfermedad del COVID-19 y de las consecuencias que ha traído para toda esta pandemia mundial.

El 60% de la población europea está padeciendo fatiga pandémica, en algunos países de una manera más acusada que en marzo.

En España, se estima que el 40% de la población presenta síntomas moderados o graves de depresión.

Las causas de la fatiga pandémica son consecuencia de meses de incertidumbre y de la modificación de los hábitos de nuestra vida.

Se manifiesta a través del miedo a la enfermedad, el aislamiento, el aburrimiento, la incertidumbre, el enfado o quejas constantes….

Puedes encontrar más información en mi blog.

 

  ANSIEDAD POR LA COMIDA.

 

Metáfora del tigre hambriento

Imagina que despiertas una mañana, y justo afuera de tu puerta encuentras un pequeño tigre rugiendo, por supuesto, llevas al pequeño al interior de la casa para mantenerlo como una mascota.

Después de jugar un rato con él, te das cuenta de que el pequeño tigre sigue rugiendo sin parar y te das cuenta de que quizá tiene hambre.

Le das de comer un poco de carne roja, porque sabes que a los tigres les gusta comerla. Haces esto todos los días, y todos los días tu mascota se hace más grande.

En dos años las comidas diarias del tigre cambian, de restos de hamburguesa o costilla pasan a ser trozos completos de carne vacuna. Pronto tu pequeña mascota ya no sólo ruge cuando tiene hambre, sino que gruñe ferozmente cada vez que piensa que es hora de comer.

Tu pequeña mascota ahora se ha convertido en una bestia incontrolable y salvaje que te destrozará si no consigue lo que quiere.

Que esta metáfora sirva para entender como surge el trastorno de conducta alimentaria. Sin embargo, hay muchos elementos a trabajar en terapia cuando aparece un trastorno de la conducta alimentaria (en adelante TCA).

Hay claves que se deben entender para poder acompañar en un proceso de terapia del TCA.

Lo primero es que estamos frente a un iceberg donde la relación con la comida es la punta del iceberg, pero hay que trabajar para llegar a lo que produjo ese trastorno y más importante aún, los factores que lo mantienen.

En mi blog de notas puedes encontrar mas detalles de este proceso y claves que pueden ayudarte a mejorar la relación con la comida y lograr hábitos saludables.

 

LA DEPRESIÓN

 

(Según la guía de práctica clínica del Ministerio de Sanidad)
La depresión es un estado de ÁNIMO prolongado, que afecta a la persona y a su capacidad para relacionarse con su entorno e incluso para afrontar cualquier tarea cotidiana.

La depresión se presenta como un conjunto de síntomas de predominio afectivo (tristeza patológica, apatía, anhedonia, desesperanza, decaimiento, irritabilidad, sensación subjetiva de malestar e impotencia frente a las exigencias de la vida) aunque, en mayor o menor grado, también están presentes síntomas de tipo cognitivo, volitivo y somático, por lo que podría hablarse de una afectación global psíquica y física, haciendo especial énfasis en la esfera afectiva.

La posibilidad diagnóstica de un trastorno depresivo se suele plantear a partir de datos observacionales poco específicos, como el deterioro en la apariencia y en el aspecto personal, enlentecimiento psicomotriz, tono de voz bajo, facies triste, llanto fácil o espontáneo, disminución de la atención, verbalización de ideas pesimistas (culpa, hipocondría, ruina…) alteraciones del sueño y quejas somáticas inespecíficas. La base para distinguir estos cambios patológicos de los ordinarios viene dada por la persistencia de la clínica, su gravedad, y el grado de deterioro funcional y social.

Muchos casos de depresión son claramente apreciables en la práctica clínica, aunque resulte difícil establecer su autonomía diagnóstica respecto a otras entidades psicopatológicas. Así, por ejemplo, frecuentemente se percibe el trastorno depresivo asociado a ansiedad con diversas combinaciones sintomáticas en sus manifestaciones. La depresión también puede concurrir con el abuso de alcohol y otras sustancias, y con algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas.

También es frecuente su asociación con trastornos de la conducta alimentaria y algunos trastornos de la personalidad. Además, es más común entre personas con enfermedad física crónica y la relación entre ambas es recíproca, ya que los problemas físicos pueden exacerbar la depresión y a su vez la depresión puede afectar negativamente al curso de la patología física. La depresión también es un factor de riesgo para algunas patologías físicas, como es el caso de las enfermedades cardiovasculares.

La depresión se puede iniciar a cualquier edad, aunque su mayor prevalencia se produce entre los 15 y 45 años, por lo que tiene un gran impacto en la educación, la productividad, el funcionamiento y las relaciones personales. La sintomatología del trastorno puede ser distinta con la edad: los jóvenes muestran síntomas fundamentalmente comportamentales, mientras que los adultos mayores tienen con mayor frecuencia síntomas somáticos.

Riesgo de suicidio: La depresión es uno de los factores más asociados a la conducta suicida. Se ha estimado que el riesgo de suicidio es cuatro veces mayor en las personas con depresión en comparación con la población general, y 20 veces mayor en el caso de la depresión grave. Debido a ello diferentes GPC de depresión recogen la importancia de la evaluación del riesgo de suicidio ante un paciente depresivo. La conducta suicida es el resultado de la confluencia de distintas situaciones y factores que se combinan entre sí para generar un abanico que iría desde la ideación hasta el suicidio consumado. En la actualidad se considera que el suicidio se mueve a lo largo de un continuum de diferente naturaleza y gravedad, que va desde la ideación (idea de la muerte como descanso, deseos de muerte e ideación suicida) hasta la gradación conductual creciente (amenazas, gestos, tentativas y suicidio). El riesgo de suicidio se puede incrementar durante el episodio de depresión y en el período de remisión parcial. Algunos de los factores que se han asociado con mayor riesgo de suicidio en pacientes con depresión son: sexo masculino, historia familiar de trastorno mental, intento de suicidio previo, niveles más graves de depresión, presencia de desesperanza y trastornos comórbidos, especialmente ansiedad y abuso de alcohol y otras drogas. Otros factores que se han asociado al suicidio en pacientes con depresión son el trastorno límite de la personalidad y niveles altos de impulsividad y agresividad. Cuando existe riesgo de suicidio en un paciente con depresión se recomienda considerar la derivación a atención especializada, de modo urgente cuando el riesgo es elevado.

 

- Si has llegado hasta aquí posiblemente estés buscando ayuda para afrontar determinadas situaciones que te hacen sufrir.
- La terapia es un proceso que permite entender qué necesidades tiene la persona, qué patrones de comportamiento limitan, y así poner en marcha otras maneras más beneficiosas de pensar, sentir y actuar.

 

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