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Mindfulness Destacado

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Objetivos del Mindfulness  

El mindfulness pretende que la persona se centre en el momento presente de un modo activo y reflexivo ya que, en el día a día, nuestra cabeza se pierde en distintos pensamientos que se superponen y nublan la realidad. Activamos el piloto automático y robotizados, terminamos por perder de vista la auténtica motivación de nuestras acciones.

Está demostrado que sólo pasamos once minutos de media concentrados en una actividad antes de que algo o alguien —en ocasiones, nuestros propios pensamientos—nos interrumpe.

Generalmente esta distracción tiene que ver con un correo que entra, un mensaje en el móvil, el teléfono que suena… De ahí saltamos a un enlace, luego a un vídeo y realizamos una nueva búsqueda.

Cuando miramos el navegador hay veinte pestañas abiertas y hemos perdido el hilo de lo que estábamos haciendo. Lo peor es que esta dispersión consigue que cueste entre diez y veinte minutos reemprender la actividad que estábamos realizando, produciendo agobio y sensación de no tener tiempo para nada.

Se crea una dependencia tóxica con los dispositivos, parece que hay que estar constantemente pendiente de las actualizaciones: ser los primeros en conocer las noticias, en compartir esa foto, en dejar comentarios y en responder a los de los demás.

Disponibles las veinticuatro horas, contagiados de un ansia por estar conectados que nos hace olvidar la conexión más importante, la que se da con uno mismo.

Ciertamente, estamos imbuidos por el llamado multitasking —el hacer varias tareas a la vez—, que se alimenta de nuestro frenético ritmo de vida. Vulnerables a los incesantes estímulos que nos llegan de distintos frentes, terminamos solapando actividades de manera que resulta imposible rendir. Es un hecho demostrado que el cerebro sólo es capaz de focalizarse en una cosa a la vez, al menos de un modo efectivo.

De lo contrario se limita a ofrecer soluciones mediocres a tareas que podrían obtener resultados satisfactorios, si nos centráramos en ellas de una en una. Este cúmulo de vivencias desatendidas nos angustia y deprime, sentimos que no lo estamos dando todo pero, al mismo tiempo, la sobreestimulación nos deja agotados.

También se resienten nuestras relaciones porque ahora atendemos conversaciones simultáneas por pantalla y en directo, repartiendo el afecto superficialmente. Habituados a la distracción parcial, ni siquiera reparamos en nuestras propias emociones, degenerando luego en problemas a los que somos incapaces de poner causa.

Por todo esto no es extraño que el mindfulness se esté convirtiendo en una herramienta de acogida global. Supone un descanso para la mente, un reseteo que incentiva la calma y un estado de mayor conexión, tanto personal como con lo que nos rodea. Gestionando nuestros eventos internos podremos reaccionar de un modo más consciente y eficaz a las eventualidades del día a día.

Cómo afecta a nuestro cerebro

El entrenamiento de mindfulness genera un impacto notable en el sistema límbico, centro de las emociones del cerebro. El estado de calma alcanzado con este tipo de meditación reduce la presión arterial y el cortisol, encargado éste de regular y movilizar la energía en situaciones estresantes.

De hecho, un estudio neurobiológico realizado por el equipo del Massachusetts General Hospital sobre los efectos del estrés demostró como, tras ocho semanas de meditación mindfulness, los participantes vieron reducido el núcleo basolateral derecho de la amígdala, relacionado con los estados de ira. Su reducción se asociaba con la percepción de menores niveles estrés por parte de los sujetos.

Por otro lado, se ha observado el aumento del funcionamiento de la corteza prefrontal, relacionada con la empatía y la toma de decisiones. Gracias a esto se obtiene una mayor estabilidad emocional y menor reactividad, esto es, nuestra respuesta emocional involuntaria a una situación.

Se ha demostrado que los empleados que siguen esta técnica mejoran su rendimiento a la par que su sistema inmunológico, reduciendo ampliamente el absentismo laboral, según datos recogidos por la aseguradora norteamericana Aetna.

Atendiendo a estas mejoras, no es de extrañar que esté siendo de uso común en el sector empresarial de Silicon Valley. Ahí la meditación no es una oportunidad para reflexionar sobre la transitoriedad de la existencia, sino una herramienta de superación de cara a mejorar la productividad.

Los trabajadores de Google se han apuntado a esta actividad en masa, de modo que ya cuenta con lista de espera en sus instalaciones. En una empresa que atiende las necesidades físicas de sus empleados proporcionando gimnasios, masajes y comidas orgánicas gratuitas en la sede, no resulta extraño que termine por ocurrir la progresión lógica en donde se pregunta, por qué no dar un paso más y ayudarlos también con su bienestar emocional.

Su acogida al programa se basa en investigaciones que demuestran que llevar la mente al presente tiene múltiples beneficios. Por un lado, nos convierte en líderes más seguros y eficaces porque evita que gastemos energía rumiando pensamientos catastrofistas sobre el futuro o sobre nuestras equivocaciones del pasado.

Focalizar nuestros pensamientos en el aquí y ahora genera estados de aceptación y ausencia de juicios, lo que conlleva a una sensación de bienestar mental. Por otro, mejora el trabajo en equipo, ya que cultivando la inteligencia emocional que se desarrolla a través del autoconocimiento que proporciona la meditación, es más fácil comprender las motivaciones de los compañeros, mejorando las relaciones interpersonales.

Emocionalmente crece la receptividad y aumenta la capacidad de atención, lo que da como resultado unos trabajadores más efectivos. Más efectivos y mejor descansados, si atendemos a un estudio de la Universidad de Utah que encontró que, el entrenamiento de la atención plena, no sólo puede ayudar a un mejor control de las emociones y los estados de ánimo, sino que también reduce el insomnio.

Los investigadores observaron que la gente que practica mindfulness a diario describe un mejor control sobre sus emociones y conductas durante el día. Estas personas revelan un nivel bajo de activación cortical justo antes de irse a dormir, lo que ayuda a estar más relajado, beneficiando la calidad del sueño.

Por último, investigaciones en neurociencia demuestran que el mindfulness puede cambiar el modo en el que nos vemos a nosotros mismos. Esto resulta tremendamente útil entre aquellas personas que suelen dedicar muchas horas del día a rumiar pensamientos de insatisfacción o incertidumbre, temiendo por el futuro o recreando situaciones del pasado sobre las que no hay control.

Practicar este tipo concreto de meditación nos obliga a centrarnos en el presente, a ser conscientes de qué siente el cuerpo ahora. Con ello, en lugar de enredarnos en pensamientos sobre cómo debería ser nuestra vida, aprendemos a actuar en el momento, despojándonos de tensiones innecesarias.

 

 

 

 

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